05 Octubre 2026 | Medellín, Antioquia | Cristin Serrano, Periodismo UCN.
Del 6 al 12 de septiembre, voluntarios de diferentes lugares de Colombia se unieron en Santa Marta para servir a la comunidad mediante obras de infraestructura, atención en salud y evangelismo. La experiencia dejó espacios renovados, familias atendidas y 48 personas bautizadas, entre ellas dos vinculadas directamente al grupo de Misión CALEB
Durante una semana, del 6 al 12 de septiembre, Santa Marta fue escenario de una experiencia en la que el servicio cristiano tomó forma en caminos, escuelas, iglesias, hogares y comunidades. Misión CALEB 2026 reunió a personas que llegaron dispuestas a entregar su tiempo, sus recursos y sus capacidades para servir a otros.
El pastor Omar Piña, departamental de Jóvenes de la Unión Colombiana del Norte, y el pastor Mauricio Buitrago participan en la apertura de Misión CALEB 2026 en Santa Marta, Colombia. Foto: Comunicaciones UCN
La iniciativa contó con 205 personas registradas y desarrolló diferentes frentes de trabajo comunitario y evangelístico. Uno de los resultados más significativos se produjo en el ámbito espiritual: se realizaron 10 campañas evangelísticas que culminaron con 48 bautismos. Entre ellos, dos correspondieron a personas vinculadas directamente al grupo de CALEB.
Para los organizadores, este resultado refleja uno de los énfasis que se busca fortalecer en esta nueva etapa de la iniciativa: unir el servicio comunitario con el evangelismo. Misión CALEB representa la continuidad de un proyecto que anteriormente era conocido como Misión Transforma y que ahora busca desarrollar bajo una identidad común un mayor énfasis evangelístico junto al trabajo de servicio.
Una decisión que comenzó con una conversación
Entre quienes participaron en la experiencia estuvo Raúl Castro que, durante la semana, decidió reconciliarse con Dios y con la iglesia.
Los mensajes presentados en el auditorio de la finca La Floresta fueron determinantes en su proceso. “Cada mensaje llegó a mi corazón y esto hizo que reconsiderara la situación en la que me encontraba y volviera a reconciliarme con Dios y con la iglesia”, relató.
El pastor Adolfo Díaz bautiza a uno de los voluntarios que, durante la experiencia de Misión CALEB, decidió reconciliarse con Dios y con la iglesia. Foto: Comunicaciones UCN
Sin embargo, el proceso no ocurrió solamente desde una plataforma. Las conversaciones con otros voluntarios también tuvieron un papel importante.
“Varios compañeros voluntarios que también estaban conmigo allí fueron utilizados por el Espíritu Santo para que hablaran de corazón a corazón y también influyeran en esta decisión que el sábado tomé”, explicó.
El participante reconoció que, aunque consideraba que Dios ya había obrado en su vida, todavía necesitaba dar un paso de reconciliación con la iglesia.
“Dios ya había hecho su obra en mí, me había perdonado por el error que había cometido, pero ahora faltaba dar el paso de reconciliarme con la iglesia para poder estar en paz y volver a estar bien en la iglesia con los hermanos y con Dios”, afirmó.
Al recordar la experiencia, Raúl destacó una enseñanza que quedó como parte de su testimonio: “A pesar de las circunstancias y las dificultades debemos siempre estar dispuestos a conquistar la montaña”.
Cuando una profesión se convierte en una ofrenda
La misión también encontró una expresión concreta en el trabajo de Omar Jiménez, ingeniero civil que participó como encargado del proyecto de construcción de una placa huella en La Floresta, campamento adventista.
Jiménez decidió donar su trabajo profesional. Su motivación, explicó, nació de su comprensión de que las capacidades recibidas pueden ser utilizadas para servir a Dios y al prójimo.
El pastor Adolfo Díaz bautiza a uno de los voluntarios que, durante la experiencia de Misión CALEB, decidió reconciliarse con Dios y con la iglesia. Foto: Comunicaciones UCN
“Todo lo que hagamos, dice la Palabra de Dios, hacerlo con el corazón, como para Dios y no para los hombres, porque de Dios recibiremos recompensa. Fue el motivo principal”, expresó.
Para el ingeniero, su profesión tiene un significado que va más allá de un título académico. Recordó que no tenía los recursos económicos para formarse profesionalmente y atribuye a Dios el camino que le permitió convertirse en ingeniero civil.
“Mi título se lo debo principalmente a Dios. Yo no tenía dinero para obtener esta profesión y entiendo que Dios preparó el camino para poder formarme como ingeniero civil y poner mis conocimientos al servicio de las personas de esta comunidad a través de Misión Caleb”, señaló.
Por eso, al encontrarse con la necesidad de la comunidad, entendió que podía responder desde aquello que había aprendido.
“Un título profesional no es solo un logro personal, es una herramienta que Dios me confió para ser un instrumento de su amor y de su gracia aquí en la tierra”, afirmó.
La obra alcanzó aproximadamente 83 metros de placa huella, una de las intervenciones de mayor magnitud realizadas durante la experiencia en La Floresta.
Voluntarios de Misión CALEB participan en una jornada de recolección de residuos en la playa de Taganga, como parte de las acciones de servicio y cuidado del medio ambiente. Foto: Comunicaciones UCN
Para Jiménez, ver terminada la obra y pensar en el beneficio que tendrá para las familias de Mato Giro y el campamento La Floresta produjo una satisfacción que, según sus palabras, no puede compararse con una retribución económica.
“Poner mi profesión al servicio de Dios, al servicio del prójimo, es la forma más sincera que tengo de devolver un poco de todo lo que Dios ha hecho por mí”, expresó.
Un sermón que se predicó con acciones
La actitud de los voluntarios también produjo una reacción inesperada entre trabajadores que participaron en la construcción.
Algunos de ellos inicialmente cobraban por su trabajo. Sin embargo, durante la semana conocieron más de cerca a los voluntarios y descubrieron que muchas de estas personas habían pagado sus propios gastos para viajar hasta Santa Marta, alimentarse y participar en la experiencia de servicio.
La situación llevó a varios trabajadores a replantear su propia participación. Andrés Camilo Cervantes Quiñones, quien estuvo vinculado al grupo de trabajadores de la obra, explicó que comenzaron a preguntarse por qué ellos debían cobrar si los voluntarios estaban pagando para poder servir.
Una voluntaria brinda atención a una persona durante la ExpoSalud, iniciativa que acercó servicios y orientación en salud a habitantes de la comunidad de Santa Marta. Foto: Comunicaciones UCN
“Nosotros como que; si nosotros estamos cobrando, ¿por qué no hacemos lo mismo? No importa que no seamos de la iglesia. Y así fue, así lo hicimos”, relató.
La experiencia produjo en ellos una nueva disposición hacia el servicio y permitió compartir más de cerca con los voluntarios.
Este episodio fue descrito por los participantes como una expresión de que el mensaje cristiano también puede comunicarse mediante las acciones. La frase “somos el sermón sin hablar” resumió el impacto que produjo aquella actitud.
Espacios que recuperaron esperanza
El trabajo de Misión CALEB se extendió a diferentes sectores de Santa Marta. Además de la placa huella, los voluntarios desarrollaron proyectos en cuatro iglesias y realizaron trabajos de adecuación, pintura, construcción y mejoramiento de diferentes espacios.
Uno de los proyectos alcanzó al Centro de Educación Distrital La Hermosa, donde se realizaron trabajos de restauración y adecuación para mejorar las condiciones de los estudiantes.
Voluntarios realizan labores de limpieza y mantenimiento de abanicos en el Centro de Educación Distrital La Hermosa, como parte de las acciones de servicio desarrolladas durante Misión CALEB. Foto: Comunicaciones UCN
La transformación generó una respuesta especial entre los niños, docentes y familias de la institución. Una de las expresiones que quedaron como recuerdo de la intervención fue la de un estudiante que manifestó:
“Ahora sí me va a dar más ganas, más gusto venir a mi colegio”.
La respuesta de la comunidad educativa reflejó que las obras no fueron percibidas únicamente como mejoras físicas, sino como una muestra de solidaridad que generó esperanza.
Atender a la persona de manera integral
El servicio también llegó directamente a los hogares. Los voluntarios realizaron visitas en la comunidad e identificaron 35 familias que posteriormente recibieron canastas de alimentos y participaron en una brigada de salud.
La jornada incluyó orientación sobre hábitos saludables, toma de signos vitales, recomendaciones de alimentación, masajes, atención psicológica y consejería espiritual.
El pastor Josué Torres, presidente de la Asociación del Atlántico, entrega un mercado a una familia durante la ExpoSalud, en el marco de las acciones de servicio comunitario de Misión CALEB. Foto: Comunicaciones UCN
La visión de servicio integral también se expresó mediante acciones de cuidado ambiental. En La Floresta se sembraron aproximadamente 1.800 plantas y se realizó una jornada de limpieza de un tramo del río.
De esta manera, profesionales, jóvenes, adultos y personas mayores encontraron diferentes maneras de contribuir. Algunos participaron en construcción; otros, en jardinería, salud, pintura, atención a las familias o actividades evangelísticas.
Una misión que busca seguir creciendo
La experiencia fue coordinada con la participación de líderes de jóvenes, entre ellos Omar Piña, departamental de Jóvenes de la Unión Colombiana del Norte, y el pastor Javier Miranda, director de Jóvenes de la Asociación del Atlántico, junto con la administración de esta asociación y directores de jóvenes de los otros campos.
El desarrollo de Misión CALEB también contó con el respaldo de la administración de la Unión Colombiana del Norte, que acompañó esta iniciativa de servicio y evangelismo. Este apoyo permitió fortalecer la articulación entre los diferentes niveles de la organización de la Iglesia y sumar esfuerzos para atender las necesidades identificadas en las comunidades de Santa Marta.
El pastor Gonzalo Cardona, presidente de la Unión Colombiana del Norte, junto a su esposa, Isabel Aguilar, portan los suéteres oficiales de Misión CALEB durante su participación en esta iniciativa de servicio y evangelismo. Foto: Comunicaciones UCN
La participación conjunta de la Unión, la asociación y los líderes de jóvenes reflejó el carácter colaborativo de Misión CALEB, en el que diferentes áreas y personas aportaron recursos, capacidades y liderazgo para que el servicio comunitario y el evangelismo avanzaran de manera integrada.
Para quienes impulsan Misión CALEB, el desafío es continuar fortaleciendo la relación entre el servicio y el evangelismo. La experiencia de Santa Marta mostró que una obra comunitaria puede abrir puertas para establecer relaciones, escuchar a las personas y compartir el mensaje cristiano.
Los organizadores también proyectan un crecimiento progresivo de la iniciativa. Después de los 205 registros de esta edición, la meta planteada es alcanzar alrededor de 500 participantes en la próxima experiencia y continuar ampliando el alcance en los años siguientes.
Más que una semana de trabajo, Misión CALEB 2026 dejó historias que muestran diferentes formas de vivir la misión. Un voluntario encontró un camino de reconciliación con Dios y con la iglesia. Un ingeniero entendió su profesión como una herramienta confiada por Dios para servir. Trabajadores de la comunidad decidieron renunciar temporalmente al cobro de su labor después de conocer el espíritu de los voluntarios. Y familias recibieron apoyo en sus necesidades materiales, físicas y emocionales.
Voluntarios de diferentes lugares de Colombia se reúnen durante Misión CALEB 2026 en Santa Marta, unidos por el propósito de servir a la comunidad y compartir el mensaje de esperanza en Cristo. Foto: Comunicaciones UCN
En Santa Marta, los espacios fueron transformados, pero también las personas que participaron y fueron alcanzadas por el servicio.
Como expresó Omar Jiménez, “la vida tiene un verdadero propósito cuando se invierte con amor, cuando se invierte en el servicio a los demás”.
Misión CALEB dejó así una invitación que trasciende una actividad puntual: poner los dones, las profesiones, el tiempo y las manos al servicio de Dios y del prójimo. Porque cuando el evangelio se convierte en acciones concretas, las palabras encuentran un espacio para ser escuchadas y las vidas pueden encontrar esperanza.





















